Cerebros no lavados: La experiencia de hablar a niños de primaria

Cerebros no lavados: La experiencia de hablar a niños de primaria.

El pasado viernes día 4 de Febrero viví una experiencia única para mí. Adelanto ya, que nunca nada me ha llenado tanto como las dos horas que les dediqué a unos curiosos niños de primaria del colegio Narcís Monturiol de Roses. He dado charlas en mil sitios más, pero nunca nada me ha dejado con tal sensación de plenitud llamémosle… ¿espiritual? Fue increible.

Una buena amiga que es profesora de este colegio, me explico que estaban dedicando las dos últimas semanas a la astronomía. En clase explicaban que eran los planetas y galaxias, hablaban de las misiones Apollo y los niños realizaban juegos y manualidades sobre estos temas. Me comentó que contactaron con varias personas de cerca de Roses para que fuesen a dar charlas, pero la mayoría querían ir cobrando. Pero al tratarse de un colegio de primaria, no podían permitírselo. Luego recordó que tenía un amigo que en los campus de verano de baloncesto, por las noches hablaba de astronomía, así que se puso en contacto conmigo y yo acepté de inmediato. Iba a dar dos charlas: Una sobre la vida en el Universo y otra sobre el proyecto Apollo. Yo no cobro nada y parece ser que a los del colegio eso les sorprendió. No pararon de darme las gracias por ello. Las gracias debería darselas yo, por permitirme hablarle a esos chicos de lo que más me gusta.

La tarde empezaba de forma diferente: se me fue el santo al cielo y me preparé una charla para chicos de Bachillerato. No sé cómo, pero se me metió en la cabeza que eran chicos de Bachillerato, con lo cual, preparé unas charlas adaptadas a ese nivel.
Que sorpresa la mía cuando al llegar al lugar, me doy cuenta que es un colegio de primaria. Empiezo a ver niños más bajitos que una seta que corretean a la salida del colegio con el bocata en la mano, que bajan las escaleras cogidos de la mano y cantando, que la maleta es como tres cuartas partes de su cuerpo y que las paredes del lugar están llenas de manualidades con formas de caracol, estrellas de mar y demás. ¡Donde te has metido, Alberto!
Debo reconocer que me puse algo nervioso. Es la primera vez que me equivoco en algo como esto. Pero bueno, decidí improvisar. Me habían contado que eran chicos muy inquietos. Que avasallaban a las profesoras a preguntas. Que era un no parar. Pensé pues, en ponerme en un taburete, en el medio de la clase y que la tomasen conmigo a base de preguntas.

Llegué a la primera clase, eran chicos de 3ero. de EGB. Me di cuenta de algo: me miraban ávidos de preguntar. ¡Dios! ¡Que sensación más agradable! ¡La máxima expresión de la curiosidad! ¡Desde que entré ya levantaban las manos! Fue precioso. Increible. Nunca se debería perder esa curiosidad, esas ganas de preguntar. Lamentablemente, el sistema educativo actual asesina la curiosidad innata de los niños. No está bien preguntar. No se puede criticar a la autoridad. Se debe aprender sí o sí, lo que otros han decidido que debemos aprender o que se supone que es interesante para nosotros, perdiendo por el camino la ilusión por las cosas que realmente nos gustan. En fin, dejémoslo porqué esto nos llevaría muchas horas. ¡Al turrón!

Con los chicos del primer grupo, como he dicho, me senté en un taburete, encendí el portátil para ayudarme con algunas imágenes o videos si llegado el caso los necesitaba y dije: “Bueno, va, preguntad. Lo que queráis”. ¡Menuda la lié! Me empezaron a preguntar sobre todo. Y cuando digo todo, es todo. Tenían dudas sobre eclipses, sobre extraterrestres,… ¡incluso sobre la velocidad de la luz! Increible. En las charlas que he dado en mi vida, no recuerdo un día en el que me quedase a cuadros por no saber cómo explicar algo. Ese día me ocurrió constantemente. Especialmente cuando me preguntaron sobre los motivos de que los astronautas llevasen traje espacial en el espacio. ¡Es una pregunta increíblemente buena! Su argumento era sencillo: “Si en el espacio no hay aire que respirar, está bien que lleven escafandra,… ¿Pero traje? ¿Para qué?”. Juguemos un poco. Pensad ahora mismo como os las ingeniaríais para explicar lo que es la presión atmosférica a un chico de 3ero. de EGB. Lo pase mal, lo reconozco, pero finalmente supe cómo hacerlo y el mayor regalo que recibí fue que en sucesivas preguntas donde salía el tema, ellos respondían cosas como “¡Ah! ¡Sí! ¡Es lo que explicabas antes de la presión atmosférica!”. ¡Lo habían entendido! Y ese conocimiento les dio poder. El poder de comprender el universo donde viven. No conozco mayor poder que ese.

La otra clase, fue más o menos del mismo estilo. Dudas sobre el tamaño de las estrellas, sobre la magnitud del Universo e incluso, un chico me hizo una pregunta que la mayoría de adultos no se habrán hecho nunca: “¿Como podían saber que la Tierra era redonda hace años, antes de salir al espacio para verlo, si mirando al horizonte se ve plana?”. Gran pregunta. Y fundamental. Usé el precioso ejemplo de Carl Sagan cuando explicaba las medidas de Eratóstenes. En esta clase también salió el tema de la religión. Tuve que decir de forma más o menos correcta, que las religiones son ideas que ahogan la curiosidad humana. También surgió el tema de los extraterrestres y de “personas que dicen que vienen”. Sabéis a qué tipo de personajillos de televisión me refiero. Intenté decirles que hay personas que se intentan aprovechar siempre que pueden del resto de personas, diciéndoles mentiras.

A todo esto, me quedo con algunas cosas que llevaré conmigo durante el resto de mi vida:

Al acabar esta última charla, se me acercaron una chica y un chico que no levantaban un palmo del suelo, y me dijeron con una sinceridad y preocupación que nunca he visto, casi con ojos llorosos por sentirse estafados: “¿Pero por qué hay gente tan mala? Nosotros no les hemos hecho nada. ¿Por qué nos mienten en esos programas que nos dicen que hay extraterrestres por aquí?”
De verdad, debíais haber visto la cara de frustración, de preocupación, con las que me preguntaron eso, pidiéndome explicaciones a mí. No entendían como podía haber gente “tan mala” que se aprovechase de ellos, que son simples chicos y chicas que sienten curiosidad y no son capaces hacer daño a una mosca. Esos chicos valen un imperio.

Otra cosa que me llegó al alma, y en todos los años que llevo haciendo cosas, es sin duda la que más me ha llenado. De hecho, me hizo llorar. Varias veces incluso. Cuando me lo explicaron y durante el resto del día mientras volvía a casa y pensaba en ello. Me lo explicaron a posteriori. Bien, mientras respondía a preguntas de otros chicos, me fije que había uno hacia el final del aula, que estaba todo el rato con la mano levantada. De hecho, todos levantaban las manos constantemente con preguntas. Uno siente un poco de frustración al no poder atenderlos a todos, pero bueno…Por falta de una, llegaba a levantar incluso las dos manos. En cuanto respondí a su primera pregunta, al instante volvió a levantar la mano. Pero le tocaba a otros compañeros ahora. Aun así, de reojo le miraba y lo veía levantar el brazo con un gesto de necesidad increible. Después de responder a otras preguntas, volvía a él. Lo mismo: le respondía y en cuanto acababa volvía a levantar la mano con más dudas. Así hasta en 6 ocasiones que yo recuerde. Pues bueno, resulta que me explicaron que ese chico llevaba mucho tiempo sin hablar, sin preguntar. Creen que podría ser autista. No se relacionaba con los otros. No sentía interés por nada. Los profesores literalmente flipaban. De hecho, cuando el chico preguntaba me fije en varias ocasiones como los profesores lo envalentonaban. Obviamente, cuando me explicaron el caso, rompí a llorar. Ese chico sentía la necesidad de tener respuestas, sentía una pasión o un amor por algo, por las estrellas, galaxias, planetas. La astronomía, despertó su interés. Su curiosidad. Le hizo relacionarse con sus compañeros. Algo que no habían conseguido ni el futbol en el recreo, ni las horas de gimnasia ni ninguna otra de las asignaturas. ¿Por qué? Creo que la respuesta es bastante sencilla: Porqué la ciencia nos hace a todos iguales, porqué todos nos hemos realizado en alguna ocasión a nosotros mismos las preguntas fundamentales: quienes somos, de donde venimo, a donde vamos o que pasara. Ese chico sentía que compartía algo con sus compañeros de clase. Quizá era la primera vez que lo sentía en los últimos meses. No me equivoco a decir, que es la experiencia más placentera de mi vida. Nada me ha llenado nunca tanto. Aun hoy, cuando lo recuerdo, se me humedecen los ojos.

Y finalmente, otra cosa que me llevo, es la actitud de los chicos al finalizar la segunda charla. Sonó el timbre que marcaba que se acaban las clases. Los padres esperaban abajo. Muchos tenían inglés, deporte o simplemente ir al parque a enguarrarse con toboganes y arena. Pero se quedaron ahí. Sentados. Con las manos levantadas. Los profes, de nuevo, anonadados. Todos sabemos cómo son los chicos pequeñajos, que a la que suena el timbre corren como ratillas huyendo de un barco naufraga. Pues no. Allí estaban ellos, inmutables. Sin mover una ceja, con los brazos alzados. Y mientras, los profesores diciéndoles que era hora de irse y tal y cual. Y nada, allí seguían. Pasaban totalmente de la hora, de los padres y de los profesores. Ellos habían conocido a una persona que podía responderles a sus preguntas y no querían desaprovechar la oportunidad. Para que os hagáis una idea, las clases acaban a las 17h. A las 17:40 aun estábamos liados. Y ni un chico se movía con rabia, como queriéndose ir. Es más, todos preguntaban. Pero como todo, la cosa se debía acabar. Yo me hubiese quedado más, pero me dijeron que muchos ya llegaban tarde a clases de idiomas y demás, con lo que tuve que decirles que acabábamos. Se escucho el típico “¡Oooh!” acompañado de muchos “¡No!” y “¡Porfi!”. Pero que sorpresa la mía, cuando mientras recogía mis bártulos, vi como un grupo de 10 u 11 se esperaban. Me engancharon por el camino, me envolvieron y no pararon de hacerme preguntas todos a la vez. ¡Qué imagen! ¡Para verme! Yo, bajando unas escaleras con 8 o 9 chicos que me llegaban a la cintura y que me rodeaban. Así hasta la calle, donde nos esperaban sus padres. Es increible. ¡Su necesidad de respuestas les llevó a aprovechar incluso el último minuto!

Cuando sus padres los recogieron, escuchaba comentarios donde decían que era el mejor día de sus vidas en el colegio, o que nunca se lo habían pasado tan bien.

Ahora supongo que entendéis porqué digo que es la experiencia que más me ha llenado en la vida. De hecho, este tipo de charlas te ayudan a saber si realmente comprendes lo que explicas ya que te obligan a buscar la forma más sencilla de explicar ideas que son complejas. Si lo consigues -y creo que lo conseguí-, recibes como una recarga de energía, de sensación de poder que es indescriptible. Nunca había tenido experiencia con chicos de primaria. Siempre han sido institutos o universidades. Centros cívicos o culturales. Pero chicos tan pequeños nunca. De hecho, siempre me había preguntado como seria pero no me había planteado hacerlo. Pensaba que en los colegios estarían por otros menesteres. Ahora no paro de pensar en la siguiente ocasión para hablar a chicos de primaria. Lo prefiero incluso, antes que otras cosas. Que sensación. Que plenitud. Anduve varios días “atontado”. Cómo hubira deseado a su edad que alguien viniese a hablarnos sobre estos temas… Y lo peor de todo, es no saber cómo compartir lo que viví con otras personas. No sé explicarlo. Y si lo explico, me quedo corto. La sensación de verles comprender las cosas es indescriptible. Ver como se les abren más los ojos. Ver como con cada respuesta les vienen más dudas. La máxima ejemplificación de la duda e incluso me atrevería a decir de la curiosidad en la ciencia, son ellos. Ellos que se sirven de las nuevas respuestas para plantearse nuevas preguntas. Ellos que no tienen tabús ni miedos en preguntar. Ellos que con su inocencia no tienen reparos en aventurarse con preguntas por las que unos años más tarde les tildarán de “tontos” o “estúpidos”, sin saber que el hecho de realizar la pregunta les pondrá inmediatamente por encima de esos que les faltaran el respeto. Lo sé yo y lo sabéis vosotros. Sucederá. Un día les ahogaran la duda, la curiosidad. Simplemente espero que ese momento llegue muy tarde. O quizá, que dentro de mis posibilidades, pueda poner un granito de arena por retrasar ese instante lo máximo que pueda. Mientras yo pueda, mientras se me permita, intentaré que ese momento no llegue nunca.

Ahogar la curiosidad del niño, elimina precisamente lo que nos hace humanos.

P.D: Tengo permiso por parte de padres y profesores para subir las fotografías.

Punset dice: Casi todo se decide en los primeros cinco años de vida

La vida en pareja tiene una explicación meramente evolutiva: fue el resultado de una contradicción que parecía insoluble; el crecimiento paulatino del tamaño del cerebro del feto en una época –hace dos millones de años– en que el homínido se empieza a poner de pie fue, desde un punto de vista energético, un avance fabuloso, pero, desde un punto de vista fisiológico, acarreó un estrechamiento de la pelvis.

La contradicción de un cerebro cada vez mayor y una pelvis cada vez más estrecha sólo tenía una solución: que el feto naciera prematuro. Y es lo que ocurre, nacemos prematuros. Un ser prematuro es un ser absolutamente indefenso y por eso necesita el cuidado de dos, porque uno solo no puede.

Hasta ahora no sabíamos nada de lo que les pasaba a los bebés por dentro. Resulta que una de las primeras cosas que hemos descubierto en la irrupción de la ciencia en los procesos emocionales es que casi todo se decide desde que el bebé está en el vientre de la madre y hasta que tiene cuatro o cinco años. Cuando digo casi todo, se deciden dos cosas que hemos aprendido a identificar y que son fundamentales en la vida de cualquier persona. Una es un cierto sentimiento de seguridad en uno mismo que permite lidiar con el enemigo más atroz que tenemos los homínidos: el vecino, el otro homínido. No hay desafío mayor en la vida que el del otro homínido.

Los grandes especialistas neurólogos de la inteligencia explican claramente que la inteligencia es un subproducto de la relación social. Lo que nos hace inteligentes es el contacto con los demás, es el tener que intuir lo que está pensando o cavilando el cerebro del que tengo enfrente; no sea que me quiera ayudar y no sepa cómo, no sea que me quiera manipular y lo sepa demasiado bien. Necesitamos una cierta autoestima para poder, en su día, irrumpir en el resto del mundo, el de los mayores.

La segunda cosa importantísima que hemos descubierto en los bebés es la curiosidad, que no hay que perder nunca. La curiosidad para lidiar adecuadamente en lo que todos estamos empeñados, aunque no lo queramos admitir, que es conseguir el amor del resto del mundo. Cuando eres pequeñín, la tieta, la abuela, el padre, la madre, hasta la vecina, todos dicen que eres fantástico, que tienes unos ojos que se los comerían, que eres el más alto, el más inteligente… Pero cuando sales de casa, hay que demostrarlo.

La gente no lo da por hecho, ni mucho menos. Y es esta negociación maternal, este afecto primario que se desarrolla hasta los cinco años, que te puede dar la suficiente curiosidad para seguir profundizando en el conocimiento de las cosas y de las personas cuando irrumpes en el mundo de los mayores. Porque puede ocurrir, y ocurre todos los días, que llegues a este mundo con una cierta indiferencia: “No me atrae nada, no me gusta ni Rajoy ni Zapatero”. Puede ocurrir que lejos de serte indiferente, te cree cierto rechazo, no quieras saber nada de este mundo que te rodea. O puede suceder, como pasa una vez por mil, lo que ocurre con los psicópatas, que llegues a este mundo de los mayores con ánimo de destruirlo en lugar de acariciarlo.

O sea que uno de los descubrimientos esenciales en esta reflexión es la importancia de este entorno afectivo que perdura desde la concepción hasta, más o menos, los cinco años.

 

 

Blog de Eduard Punset » Casi todo se decide en los primeros cinco años de vida.

Colecho y salud mental

 

Uno de los expertos británicos más importantes en salud mental infantil ha aconsejado a los padres olvidarse de años de convenciones y permitir que sus hijos duerman con ellos en la cama hasta los 5 años de edad.

Margot Sunderland, directora de educación del Centro para la Salud Mental Infantil de Londres, dice que la práctica conocida como colecho aumenta la probabilidad de que los niños crezcan sanos y tranquilos. Sunderland, autora de 20 libros, perfila su consejo en su libro “La Ciencia de Ser Padres”. Y está tan segura de los hallazgos del nuevo libro, basado en 800 estudios científicos, que pide que a los visitadores sanitarios se les repartan folletos para informar a los padres sobre el colecho.

Sunderland argumenta que la práctica habitual en Inglaterra de adiestrar a los niños para que duerman solos desde las pocas semanas de edad es perjudicial, porque cualquier separación de los padres incrementa el flujo de hormonas del estrés como el cortisol. Sus resultados se basan en avances científicos de los últimos 20 años sobre cómo se desarrolla el cerebro del niño y en estudios que han utilizado scanners para analizar cómo reaccionan en circunstancias especiales. Por ejemplo, un estudio neurológico de hace 3 años mostraba cómo un niño separado de uno de sus padres experimenta una actividad cerebral similar a un niño con dolor físico.

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Sunderland cree también que la práctica actual se basa en actitudes sociales que deberían ser abandonadas: “Existe un tabú en este país referente a que los niños duerman con sus padres” dijo. “Lo que he hecho en este libro es presentar la evidencia científica. Estudios en todo el mundo demuestran que el colecho hasta los 5 años supone una inversión para el niño. Los niños pueden sufrir ansiedad por la separación hasta los 5 años o más, lo que puede afectarles en la vida posterior. Esto se calma con el colecho”. Los síntomas pueden ser también físicos. Sunderland cita un estudio que demostró que un 70% de mujeres que no habían sido consoladas cuando lloraban de niñas, desarrollaron en la edad adulta problemas digestivos.

El libro de Sunderland la enfrenta a gurús de la educación ampliamente leídos como Gina Ford, cuyos consejos son seguidos por miles de padres. Ford aboga por establecer rutinas de sueño para bebés desde una edad muy temprana en cunas “separados del resto de la casa” y enseñarles a los bebés a dormir “sin la ayuda de los adultos”. En su libro “Guía completa de sueño para bebés y niños satisfechos” escribe que los padres necesitan tiempo para ellos. “El compartir la cama con los niños termina con frecuencia con los padres durmiendo en habitaciones separadas y con madres exhaustas, una situación que aporta una gran presión en la familia como un todo”.

Annette Mountford, jefa ejecutiva de la organización de padres “Lazos de familia” confirmó que la norma en Inglaterra para los niños era animarles para que durmieran en sus camas y sus cunas, a menudo en habitaciones separadas, desde una edad temprana. “Los padres necesitan su espacio” dijo. “Existen beneficios claros en el hecho de introducir a los niños en su propia rutina de sueño en su propio espacio”.

Contrariamente, Sunderland dice que cambiar a los niños a sus camas desde que tienen semanas de edad, incluso si lloran por la noche, ha demostrado incrementar el nivel de cortisol. Estudios con niños menores de 5 años demuestran que en más del 90% de los casos, el nivel de cortisol aumenta cuando van a la guardería y en el 75% de los casos disminuye al volver a casa.

El profesor Jaak Panksepp, especialista en neurociencia de la Universidad Estatal de Washington y que ha escrito el prólogo del libro, dice que los argumentos de Sunderland son “una historia coherente consistente con la neurociencia. Una sociedad avanzada debería tenerlo en cuenta”.

Sunderland argumenta que poner a los niños a dormir solos es un fenómeno occidental que puede incrementar la posibilidad de muerte en la cuna, también conocida como Síndrome de Muerte Súbita del Lacante (SMSL). Esto puede suceder porque el niño echa de menos el efecto calmante que el estar tumbado junto a su madre ejerce en la respiración y en la función cardiaca. “En el Reino Unido mueren 500 niños al año por SMSL” escribe Sunderland. “En China, donde el colecho es práctica habitual, el SMSL es tan raro que no tiene nombre”.

Este artículo ha sido escrito por Sian Griffiths y traducido por Ofelia Urzainqui del grupo Vía Láctea.

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Ejemplo de sesión de estimulación de bebé entre 4 meses y 1 año

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Esta sesión de estimulación se ha de repetir todos los días. Dura más o menos 30 minutos:

– Masaje con crema o aceite durante aproximadamente 5 minutos. En este blog tienes una entrada de cómo dar masajes a los bebés en el apartado SALUD.
– Ejercicios. 4 repeticiones de
* Brazos arriba y abajo, ambos juntos
* Brazos arriba y abajo, alternativamente, como si nadara
* Brazos abrir y cerrar. Cuando cierra, tocarse ambas manos
* Brazos abrir y cerrar. Cuando cierra, abrazarse a sí mismo
* Flexionar y estirar las piernas
* Piernas juntas a un lado y a otro
* Piernas haciendo la bicicleta mientras cantas la canción del elefante que va en bicicleta.

– Bits de colores en inglés. Una pasada rápida y otra despacio.

– Oler 2 perfumes de frutas de Yves Rocher echados a dos peluches del mismo color.

– Leerle un cuento. Si es táctil mejor. Por ejemplo, los de la GATA LUPE, de SM.

– Bailar con él una canción de Vivaldi, Mozart… siempre la misma para que la memorice.

– 3 juegos del libro "juegos para hacer pensar a los bebés". Ver la referencia a la derecha de este blog.

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¿Por qué es fundamental el arrastre?

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Escrito por Mª Ángeles García Morán, Licenciada en Psicología Infantil y especialista en Estimulación Temprana

Como ya sabes, el desarrollo cerebral e intelectual de tu pequeño depende en gran medida, de la cantidad y calidad de los estímulos que reciba. Así pues, el desarrollo de su inteligencia está vinculado también, de forma determinante, al ejercicio de las funciones motrices del cerebro (arrastre, gateo, caminar…). Es absolutamente necesario que el pequeño se ponga en marcha desde que nace ya que es muy importante afrontar y ejercitar dos etapas fundamentales, el arrastre y el gateo, siguiendo los pasos adecuados.
El arrastre propiamente dicho (es decir, desplazarse rozando con el cuerpo en el suelo) suele iniciarse alrededor de los 6-7 meses y debe considerarse el mayor logro en el área de la movilidad ya que, gracias a él, el bebé deja de ser dependiente del entorno para alcanzar objetos y buscar nuevos estímulos por si mismo.
No obstante, el bebé es capaz de desplazarse cuando está boca abajo desde el momento del nacimiento. Piensa en las veces que has encontrado a tu pequeñín tocando con su cabecita el extremo de la cuna después de dejarlo dormido en otra posición.
Cuando está despierto, es importante no desperdiciar ninguna ocasión para que se ponga en marcha: en la medida que te sea posible ponlo sobre una superficie plana y dura para que sus movimientos, que en un principio son reflejos, se vayan coordinando de manera consciente para conseguir el desplazamiento, aunque al inicio sólo sean unos poquitos centímetros.

Las oportunidades de arrastre deben ser frecuentes y cortas, respaldadas siempre por tus palabras de ánimo y caricias que premien el esfuerzo que el bebé realiza. Después, y de manera gradual, irás alargando las distancias y también el tiempo de estancia boca abajo.
No te alarmes si tu bebé no se arrastra antes de gatear, hay un muchos niños que eluden esta etapa pero la ejercitan a partir de los 2-3 años mientras juegan en el suelo (pasando por debajo de las sillas, rebozándose en la arena de la playa, etc.)

El arrastre ayuda en la coordinación de los hemisferios cerebrales
El arrastre comporta numerosos beneficios para el bebé. En primer lugar, la posición típica del arrastre le facilitará desarrollar y muscular la zona cervical al intentar levantar la cabeza y apoyarse sobre sus manos con los brazos estirados o sobre los codos cuando tiene los brazos flexionados en ángulo recto (ésta es la posición más cómoda para ellos y la que les facilita manipular los objetos que están al alcance de sus manos mientras mantienen la cabeza erguida sin cansarse).

Además, el arrastre implica el avance en patrón cruzado: se mueve utilizando su brazo derecho y su pierna izquierda para empujarse hacia delante; simultáneamente mueve el brazo izquierdo y la pierna derecha hacia delante para soportar su peso sobre ellos como preparación para el siguiente movimiento.

Avanzar en patrón cruzado implica, y a la vez ejercita, la coordinación entre los dos hemisferios cerebrales. El hemisferio derecho controla los movimientos y sensaciones de las extremidades izquierdas y el hemisferio izquierdo controla los movimientos y sensaciones del lado derecho de nuestro cuerpo. Cuando los dos hemisferios trabajan de manera coordinada quiere decir que su mano izquierda (hemisferio derecho) sabe lo que hace su mano derecha (hemisferio izquierdo) y por tanto puede, por ejemplo, pasarse cosas de una mano a otra sin que se caigan.
Así pues, cuantas más oportunidades tenga el pequeño de moverse en el suelo, más posibilidades damos a sus dos hemisferios cerebrales para ejercitarse y desarrollarse plenamente lo cual favorecerá su desarrollo intelectual y la posibilidad de pasar a la fase siguiente: el gateo.

Algunos juegos para favorecer los movimientos del bebé

  1. A veces un buen arrastre empieza de la manera más insospechada: en los primeros meses al bebé le gusta también estar boca arriba (posición supina) para contemplar su entorno, mover brazos y piernas de manera descoordinada, y porque no, jugar con sus manitas y pies. En esta posición podemos aprovechar para enseñarle algunos ejercicios previos que pueden ayudarle a arrastrarse mejor. Por ejemplo, girar sobre sí mismo y pasar de boca arriba a boca a bajo y viceversa. Esto le ayudará a desarrollar su equilibrio, obtener estabilidad en sus movimientos y también a cambiar de posición de manera voluntaria.
  2. Hazle pedalear. ¿Cómo? Coloca las palmas de tus manos apoyadas en sus piececitos. Ya verás como empezará a extender y doblar las piernas rítmicamente. Entonces, presiónale los pies de manera alternativa lo suficiente para que ejerza una fuerza para rechazar tu mano. Derecho, izquierdo, derecho, izquierdo… como ir en bicicleta.
  3. Las abdominales, lo primero. Una buena fuerza de su musculatura abdominal es esencial para coordinar los movimientos de las piernas y del tronco. Para conseguirla, haz un simple ejercicio que encantará a tu bebé. Ponlo tumbado boca arriba encima de tus piernas. Sujétalo por sus manos y, tirando de ellas, acércalo hacia ti poquito a poco hasta tenerlo en posición sentado frente a ti. Ya verás como, a la vez, levanta las piernas. Esta posición en “V” es lo que fortalece sus pequeñas abdominales. Repítelo varias veces al día
    Alarga la manita. Pon su juguete preferido delante de él pero a una altura que le obligue a estirar un brazo mientras se apoya en el otro. Cambia el objeto de posición para que estire y ejercite los dos bracitos alternativamente.

¡Cuerpo a tierra!
La mejor motivación para un bebé es un “ejemplo honesto” (como dice Glenn Doman) por parte de los padres. No dudes en estar junto a tu hijo en el suelo y, con mucho amor y paciencia, disfrutar juntos de cada logro, de cada sonrisa y de cada momento.
Para que tu bebé disfrute con el arrastre y obtenga todas sus ventajas, además, debe sentirse cómodo:

Es importante no ponerle mucha ropa (pañal y camiseta que le deje al aire codos, antebrazos, rodillas y pies) que le facilite el movimiento y aumentar la temperatura ambiente para que no coja frío.
Las condiciones favorables son: suelo plano y duro que no le ofrezca mucha resistencia en un inicio ni que resbale demasiado (madera, hule, espuma dura). Es importante que esté limpio, seguro (sin obstáculos, enchufes, etc.) y que sea liso.

Para ponérselo más fácil…
Cuando el niño intenta arrastrase moviendo el brazo y la pierna del mismo lado, gira en círculo sobre si mismo y no avanza. Esta situación es normal en un principio. Para ayudarle puedes construir con distintos objetos una pista en línea recta que le obligue a moverse y avanzar en una sola dirección. Ponle objetos atractivos frente a él a cierta distancia para motivarlo pero no fuera de su alcance pues se desentendería de ello.
Puedes ponerle zapatos con suela gruesa de goma para que le sirvan de punto de apoyo y se agarre bien al suelo para impulsarse.
A menudo tenemos que ayudarles apoyando nuestras manos en las plantas de sus pies para que las usen de punto de apoyo pues con sus movimientos reflejos no tocan el suelo y no pueden avanzar.
Si podéis estar los dos progenitores en el suelo jugando con él aprovechar a enseñarle a avanzar en patrón cruzado estirándole la mano derecha y flexionando la pierna izquierda, y luego la mano izquierda y la pierna derecha a lo largo de varios metros. Es importante hacer este ejercicio cuando el niño ya se desplaza flexionando sus dos brazos a la vez y luego sus dos piernas a la vez.
Si a pesar de todo no conseguimos que avance, es interesante situarlo en una pista o tablón grueso con cierta inclinación. Esto hará que la propia gravedad le obligue a avanzar sus manos alternativamente para mantener la estabilidad y equilibrio. Sus piernas se moverán compensando y equilibrando el avance hasta llegar al final de la pista. Poco a poco aprenderá que arrastrarse es muy divertido.

El sueño del bebé; Método Estivill VS Dormir sin lagrimas

El sueño es una cuestión que inquieta mucho a los padres, y son muchos los especialistas que han abordado el tema, siendo sus opiniones de lo más dispares.

Por un lado, están los métodos que consideran que los niños tienen que aprender a dormir solos. El estandarte de esta corriente es el libro ‘Duérmete Niño’ de Eduard Estivill y Sylvia de Béjar. Recomienda establecer una rutina para irse a dormir, y posteriormente el niño debe quedarse sólo en su habitación, incluso aunque llore. En este caso, para entrar a consolarle, el libro establece una tabla de tiempos de espera.

Por otro lado, están los que consideran que no hay que enseñar a dormir a los niños, que "los bebés ya saben dormir desde antes de nacer", tal y como plantea ‘Dormir sin lágrimas’, de la doctora Rosa Jové. Esta autora considera que no se debe desatender el llanto de un niño. Por lo tanto, recomienda el colecho (dormir con los padres) y lactancia materna a demanda.

 

  1. Duérmete niño La principal crítica que recibe este método es que hay que dejar llorar al niño. Muchos opinan que es ocasionarle un sufrimiento innecesario que puede acarrear problemas posteriores (miedos, inseguridad…) Otra cuestión que plantea dudas es que es un método bastante estricto en su forma de aplicación. Se le tacha de frío en la manera de consolar al niño cuando llora en la cama (no permite tocarle y cogerle, sólo hablarle), aunque en alguna entrevista posterior el autor ha manifestado que cada familia puede adaptarlo.
  2. Dormir sin lágrimas No todas las parejas llevan bien lo de dormir con su hijo. La pareja necesita su momento de intimidad, y no me refiero únicamente a las relaciones sexuales (que son muy importantes), sino también a la comunicación en la pareja. Para muchas parejas éste es el único momento del día en que están tranquilos y relajados para contarse sus cosas.

 

Fuente:

http://www.elmundo.es/yodona/2007/10/11/babyblog/1192100922.html

 

Nota: El Método Estivill se aplica a partir de los 6 meses de edad hasta los 5 años. Nunca antes de los 6 meses según el propio autor.

Hace semanas que leo todo lo puedo sobre esta polémica y puedo decir que estoy radicalmente en contra del método Estivill. Aunque parece que es un método efectivo (También las torturas para sacar confesiones pero…) para enseñar a los bebés a dormir solos, las posibles consecuencias de su aplicación lo hacen, para mi, como mínimo, inapropiado. Podría argumentar mil razones que explican mi postura en contra del método pero sólo daré dos:

  • El método Estivill se basa en la psicología conductista, una escuela que se centra  en la observación de la conducta externa sin tener en cuenta las emociones y los sentimientos. Es decir este método no tiene en cuenta los sentimientos de tu hijo, persigue únicamente el objetivo de que duerma sólo (y no moleste demasiado en toda la noche) Y no sólo no tiene en cuenta los sentimientos del bebé sino que tampoco los de los padres. Biológicamente la madre está “diseñada” para prestar atención a su bebé cuando llora. Este método obliga a la madre a luchar contra su propia naturaleza (científicamente comprobado). Lo que me pregunto es; ¿cómo alguien puede convencer a una madre para hacer algo que va en contra de su propia naturaleza?
  • El métod Estivill parte la base de que el bebé es un chantajista emocional que utiliza cualquier medio para “robarte” atenciones. Estivill incluso llega a decir que algunos bebés/niños, vomitan apropósito para llamar la atención de los padres. Yo considero que un bebé no tiene la inteligencia estratégica suficiente para llevar a cabo un plan así. Los bebés lloran porque es el único mecanismo que conocen para pedir algo que necesitan, ya sea hambre, cariño, calor o lo que sea. Tú sabes que está seguro y protegido en su cuna pero él no lo sabe, tiene miedo y por eso llora. Imagina que te dejan a ti postrado en una cama, sólo puedes mover los brazos y las piernas, a oscuras, gritas y nadie te hace caso… ya… sí, sólo durante cinco minutos, luego vienen, cuatro palabras de ánimo y un “ahí te quedas” ¿cómo te sentirías?. Pues trata de imaginar lo que sentirá un bebé, (la fragilidad hecha persona). Quizá la palabra maltrato en este caso sea un poco fuerte pero lo que está claro es que lo describe mejor que la palabra educar.

 

Evidentemente yo no soy un experto y no voy a pedirte que tengas mi opinión en cuenta. Lo que sí te pido es que veas el siguiente capítulo de Redes en el que Punset entrevista a Sue Gerhardt, considerada una de las mayores expertas del mundo en psicoterapia infantil. Los argumentos presentados en este vídeo se basan en conocimientos científicos no como en “Duérmete niño” en el que no hay ni un sólo apunte científico.

 

Redes 447; El cerebro del bebe (27-10-07)

Videos tu.tv

Descarga el capítulo.

Transcripción de la entrevista

Todo es muy importante y todos los padres deberían verlo:

  • Se habla de cual es el mejor método para dormir a los bebés, sin hacer clara referencia al método Estivill.
  • Se habla de las posibles consecuencias de su aplicación.
  • Se habla de lo positivo o negativo de dejar a los niños en las guarderías
  • … y de muchas cosas más

Si no tienes mucho tiempo puedes ver el vídeo resumen que hay a partir del minuto 26:20

 

Método para dormir a los niños a base de pequeñas recompensas

 

Páginas a favor del Método Estivill

No encontré, sólo algunos foros en los que muchos padres hablan de la efectividad del método.

 

Páginas en contra del Método Estivill

 

http://www.metodoestivill.com.ar/ Por qué no aplicarlo

http://www.dormirsinllorar.com/

http://www.crianzanatural.com/

¿Por qué es importante gatear?

Carlos Gardeta, experto en estimulación multisensorial/Chavalucos

Publicado en hoyMujer


En este reportaje, realizado por el experto Carlos Gardeta, puedes encontrar 8 razones por la que es necesario para el desarrollo de tu hijo que pase por la fase de gatear.

1- El gateo conecta los hemisferios cerebrales y crea rutas de información cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.

2- Desarrolla el patrón cruzado que es la función neurológica que hace posible el desplazamiento corporal organizado y en equilibrio del cuerpo humano. Ese movimiento comprende el del eje de las caderas y el de los hombros. Estas articulaciones se mueven en rotaciones contrarias entre sí al avanzar gateando y crea una torsión relativa de la columna en cada sentido en función del eje actuante. Dicha torsión posiciona correctamente y sin sufrir presiones extrañas las vértebras y los discos intersticiales, además de tonificar adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente erecta cuando esté maduro para poder ponerse de pie.

3- Desarrolla el sistema vestibular y el sistema propioceptivo. Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo de uno.

4- Desarrolla la convergencia visual y posibilita el enfoque de los ojos. Al mirar al suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente, el niño converge o enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta distancia. Cuando mira a dónde va, a unos tres metros por lo menos, coloca con los ojos la convergencia en un punto infinito. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos que facilita la acomodación visual. Y es tal su importancia que, según estudios de optómetras, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños. También parece que los ojos vagos están relacionados con un mal desarrollo de las convergencias.

5- Desarrolla la oposición cortical. En el gateo, la cabeza está en un plano y la palma de la mano en otro. El niño siente la tactilidad de la palma que está viendo. Esto es fundamental para desarrollar luego la oposición cortical, es decir, en la corteza del cerebro de que el dedo gordo de la mano se opone a los otros cuatro. El desarrollo de esta función en las manos es la que permite servirse de ellas y asir los objetos. Y esa manualidad fina es esencial para luego poder escribir. Además, al masajear la palma de la mano ésta envía información al cerebro de dónde está y de las diferentes sensaciones que va sintiendo al moverla y apoyarse, así como de los estímulos producidos por la textura y otras características del medio que están presionando. Por otro lado, al gatear al niño apoya su peso en las palmas de las manos y soporta esa tensión en las articulaciones de las muñecas, de los hombros, de la columna vertebral, de los fémures y de las caderas. Así percibe la oposición de la gravedad y aprende a manejarse con ella.
6- Le ayuda a medir el mundo que le rodea y el niño se adapta al medio. La distancia que hay entre los ojos y la palma de la mano al gatear es una medida fundamental -la braza- en todas las civilizaciones. Con esa nueva medida corporal el niño mide el mundo circundante y se adapta más eficientemente al medio porque lo mide constantemente y va retomando información espacial ordenada. Por eso cuando entra de mayor en una casa donde se pasó la infancia uno la percibe como más pequeña de lo que era porque entonces la propia medida de la braza era menor.

7- Ayuda a establecer la futura lateralización. En el nivel de desarrollo posterior al gateo comienzan los primeros procesos corticales de laterización. Con él uno de los hemisferios se convierte en dominante y el otro en servidor para no tener que operar ambos a la vez. Al conectar los dos hemisferios gracias al gateo se facilita acudir más rápidamente a funciones más complejas que requieren de ambos hemisferios y de áreas cerebrales no simétricas y diferenciadas. Un niño pequeño que va a coger una naranja echa las dos manos a la vez porque la orden llega simultaneamente a los dos hemisferios. Un niño con un nivel de organización mayor coge la naranja que le mandan rodando con una mano o con otra dependiendo de si está a un lado o a otro, o de si está en un nivel superior de organización (de si es más diestro o más zurdo).

8- Ayuda a poder escribir en el futuro. Mediante el gateo se va desarrollando la coordinación cerbral ojo-mano. Cuando el niño gatea se establece entre ambos una distancia similar a la que más adelante habrá entre ojo y mano a la hora de leer y escribir. El gateo favorece decisivamente la aparición temprana de ambas funciones con los beneficios adicionales que ello conlleva intelectualmente.

¿Por qué papá y mamá son las primeras palabras que dice un bebé?

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Todos los que hemos sido padres tenemos algo en común, queremos que las primeras palabras de nuestros bebés sean “papá”. Claro que las madres quieren lo mismo, que en nene diga primero “mamá”, pero como son más inteligentes no se esfuerzan mucho en ganarnos ese gusto. En fin, entonces, ¿porque las primeras palabras de los bebés son ma-ma y/o pa-pa"?

Porque su cerebro reacciona con más intensidad, es decir, con mejores resultados, a las repeticiones de sonidos consecutivas como éstas. Así lo ha demostrado una investigación realizada por la investigadora canadiense Judit Gervain, de la Universidad de British Columbia en Vancouver (Canadá), en colaboración con investigadores italianos y chilenos. Gervain analizó el cerebro de 22 recién nacidos (entre 2 y 3 días de vida) para conocer su reacción ante el sonido de ciertas palabras. Para ello, estudió las reacciones que producían en su cerebro palabras que acababan con sílabas repetidas y otras que no lo hacían. El resultado fue que los bebés activaban el lóbulo temporal y algunas zonas del área frontal derecha del cerebro cuando escuchaban las repetitivas. Sin embargo, no se registró ninguna actividad neuronal especial con las segundas.

Y es precisamente en el lado derecho del cerebro donde los adultos diestros tienen el centro del lenguaje. Por ello, no resulta extraño que en todas las culturas y lenguas, las primeras palabras que digamos sean papá, daddy (inglés), papi (francés) o tata (croata), ya que son las primeras que asimilamos. Además, con esta investigación, se ha demostrado que el ser humano posee una habilidad innata para descifrar patrones estructurales en el lenguaje. De hecho, en una investigación anterior, ya se había apuntado la creencia de que los seres humanos tenemos habilidades innatas para aprender la lengua de nuestras madres de forma sistemática y eficiente.

Objetivos a alcanzar antes de llegar al colegio

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Según la profesora Cristina Buchner autora de numerosas obras pedagógicas, ningún chico fracasará ni escolar ni socialmente si, al comenzar la EGB (Escuela General Básica), ya lleva consigo estos aprendizajes:

  1. Sabe cantar y reproducir un ritmo batiendo palmas.
  2. Imita correctamente alguna secuencia de un movimiento rítmico, como un baile.
    Conoce de memoria ciertas rimas y poesías.
  3. Determina con los ojos cerrados el significado y procedencia de distintos sonidos.
    Habla claro y con buena pronunciación.
  4. Sabe contar coherentemente una pequeña historia.
  5. Pinta y dibuja con detalle y profusión de colores.
  6. Se atiene a las reglas de los juegos en común (ya sean deportivos o de mesa).
  7. En un ejercicio de relajación es capaz de aflojar los músculos y mantenerse quieto con los ojos cerrados.

No parece especialmente difícil que la amorosa y alegre dedicación de los padres durante los primeros años consiga que sus hijos desarrollen estas cualidades.

Libros que nos ayudan a estimular la inteligencia de nuestros hijos

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Muchos cuando oyen a unos padres interesados en la estimulación temprana de sus hijos, en seguida piensan en unos padres empeñados en tener un niño superdotado, forzando a su hijo con todo tipo de actividades aburridas y queriendo que toque el piano a los seis años.

Nada más lejos de la realidad de muchas familias. La estimulación temprana bien entendida consiste en compartir tiempo de juego y risas con los niños. En pasarlo bien tanto los padres como los hijos. Trata de que los padres, al tiempo que se divierten, ayuden a sus bebés a desarrollarse de una manera saludable sin forzar nada.

No hay que obsesionarse con las escalas de desarrollo y pretender que el niño esté siempre por encima de la media, tampoco marcarse programas y horarios rígidos ni ser un experto en estimulación temprana.

De hecho estimular a los bebés de la forma adecuadaes algo que les sale de manera instintiva a casi todos los padres. Y prácticamente todos los juegos tradicionales como los cinco lobitos, los juegos de cosquillas, las canciones típicamente infantiles… es precisamente lo que hacen: estimular la inteligencia de nuestros bebés.

libros hijos Libros para estimular la inteligencia de nuestros hijos

Hay en el mercado una cantidad enorme de libros muy interesantes en este sentido. Aquí hay una selección, que incluye tanto clásicos como Los gestos del bebé hasta recientes lanzamientos como  La magia de desarrollar la inteligencia de nuestros hijos.

  • Los gestos del bebé, cómo hablar con tu hijo antes de que él sepa hablar de Linda Acredolo y Susan Goodwyn es un ejercicio magnífico de comunicación temprana. Las autoras proporcionan a los padres un programa simple, divertido y paso a paso para enseñar a bebes de entre uno u dos años a combinar la utilización de gestos y signos además de  palabras para comunicarse.Se trata de aprovechar la tendencia natural de los bebés ha hacer gestos (lanzar besos, decir adiós…).
    Los resultados de sus investigaciones han puesto de manifiesto que con esta vía de comunicación precoz no sólo los padres consiguen comprender mucho mejor a sus hijos y sus necesidades y ellos se frustran mucho menos al ser capaces de comunicarse mejor, sino que además estos desarrollan capacidades que enriquecen sobremanera su comprensión del lenguaje.
  • La magia de desarrollar la inteligencia de nuestros hijos de Teresa López y Paloma Matías. El libro pensado para niños de a partir de tres años, tiene doce capítulos, cada uno de ellos  aborda una situación diferente y cotidiana de la vida diaria: el desayuno, jugar en el parque, la hora de comer… La idea de las autoras es darnos pistas para hacer de cada momento del día a día una experiencia de aprendizaje.
    Sus autoras son maestras y licenciadas en psicología. Ambas han ejercido la docencia directa en distintas etapas educativas  y desde distintas funciones (tutoras de aula, profesoras de apoyo, puestos en la administración educativa, formación del profesorado, escuelas de padres…). Durante la última década su función principal ha sido la de orientadoras educativas.  La redacción del libro recoge aquellas experiencias que han resultado útiles para un gran número de familias.
  • Hablando nos entendemos los dos es un manual muy utilizado por padres cuyos hijos presentan un retraso en el lenguaje que aplica la filosofía del método Hanen, seguir los intereses del niño, ponerse a su altura, facilitar la comunicación indirecta… pero resulta igualmente útil para padres de niños sin ningún problema.
  • Primeras habilidades del bebé, juegos creativos para favorecer el desarrollo durante el primer año de Miriam Stoppard. El primer año del bebé es determinante en el desarrollo futuro de las habilidades sociales, intelectuales y motrices del niño y con las herramientas que provee este libro se puede sacar el mayor provecho de las habilidades natas del bebé.
  • Con los ojos cerrados, la primera guía para enseñar a tus hijos a pensar de Angels Ponce ayuda a potenciar los pensamientos positivos, a trabajar desde muy niños el optimismo.
  • Conocimiento del entorno. 100 ideas para descubrir, comprender, experimentar, interaccionar y comunicarse con el mundo de A. Thwaites. Un libro sencillo y muy práctico. Ofrece cien ideas, actividades o sugerencias, de fácil realización y nada costosas,  que utilizan siempre recursos corrientes.  Desde el primer mes de vida hasta los seis años.
  • Juego musical y aprendizaje. Estimulación del desarrollo y la creatividad infantil de Alix Zorrillo Pallavicino. Saber música no es sólo cantar o tocar un instrumento, la música, disfrutar y jugar con las canciones y los instrumentos, estimulan el desarrollo integral del niño  (intelectual, motriz, lenguaje…) dándole, además, la base para el desarrollo de sus aptitudes y conocimientos musicales.
  • 150 juegos para la estimulación adecuada. De 0 a 3 años. Jorge Batllori y Víctor Escandell.  En este libro hay  150 actividades, agrupadas por etapas: de 0 a 3 meses, de 3 a 6 meses, de 6 a 9 meses, de 9 a 12 meses, de 1 a 2 años y de 2 a 3 años.
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